Leyendas


La Cruz del Pósito



Una leyenda trágica y del más puro estilo romático.

Columna colintia que sostiene la Cruz del Pósito.


Incluida en el Romancero de Jaén, se trata de una de las leyendas más conocidas de la ciudad que gira en torno a la plaza del Pósito y la cruz, que sobre una columna toscana, allí se halla.


Una dama de noble linaje de la ciudad se casó con un aventurero llegado de tierras lejanas. El mozo en cuestión resultó mujeriego y jugador y continuamente cortejaba a otras jóvenes de la ciudad.


En tanto, otro caballero se enamoró de la dama y sufría en silencio por la imposibilidad de obtenerla.


Sin embargo, la historia tuvo un trágico desenlace. Una noche, el esposo, muy dado a jugarse el dinero y las prendas, lo perdió todo y en un último envite, fue a casa a pedirle a su esposa sus joyas para jugarlas. Al negarse ésta, preso de la ira la mató.


Cuando el secreto enamorado supo del suceso, buscó al marido al que retó y dio muerte en desafío, justamente en esa plaza del Pósito.


La leyenda añade que el enamorado ingresó como fraile en el convento de San Francisco y que todas las noches vagaba y se aparecía, a modo de fantasmal presencia, en la plazuela para rezar y llorar al tiempo su desgraciada hazaña.




2 Comentarios

saturnino martinez sanchez25/09/2009
si que conozco bien el posito, pero nunca he visto esta cruz ,ni oido hablar de ella,y eso que soy un fanatico de historias de jaen, mi ciudad natal.


Francisco Haro Martinez28/09/2009
El conde de Ureña, al que Jaén debe la fundación de su antiguo Pósito. Para compensar a la ciudad de los daños y perjuicios que le habia causado en pasados períodos de lucha violenta, cedió hacia el año 1494 una casa que tenia en la plaza de Santa Maria, doscientos mli maravedís para la compra de grano y setenta mil para levantar un edificio apropiado.Con estas donaciones como base se levanto el antiguo Pósito en la ancha plaza del mercado, mediado el siglo XVI y siendo corregidor de la ciudad Alonso Suares de Lugo. El anchuroso mercado quedó reducido por esta edificación, y toda la explanada que tuvo delante formó una nueva plaza, que tomo el nombre *del Pósito*, en cuyo centro se alzo una Cruz, semejante al *Rollo* que exicte en algunas ciudades de Castilla, pues es una columna de piedra, rematada por una cruz de hierro. Estos rollos o picotas unieron dos conceptos distintos: el de su objeto y el de su significación, porque sirvieron para colgar y exponer como ejemplo los restos de los condenados a muerte y fueron tambien signo de jurisdicción de la villa o pueblo a cuya entrada eran colocados. Al abolir la brutal exposición de los restos humanos, los rollos se coronaron con la Cruz, emblema de amor y de redención. Ante la Cruz del Pósito posible insignia de jurisdicción de villa del viej Jaén, se epilogo, con una oración fervorosa, un hecho trájico de las postrimerias del siglo XVI, y en el que intervinieron dos factores poderosos: el vicio del juego, como impulsor funesto, y un amor recóndito, que desperto vengador y acabó penitente. Un apuesto capitán tras de cosechar honores y triunfos en las españolas conquistas en tierras estrañas, vino a Jaén don Diego de Osorio, para descansar de sus empresas guerreras, que le habían cubierto de gloria .Su gallarda presencia, noble abolengo y saneadas rentas hizo que más de una doncella pusiese sus ojos en el brillante uniforme del jovenOsorio, pero este no se dio por aludido del estrecho y hábil asedio y fijó su mirada en una dama hermosa, doña Beatriz de Uceda, que precisamente, por profesar otro amor oculto y sincero, no formaba en las filas de las disimuladas sitiadoras del bizarro capitan. Don Iñigo de Uceda, padre de la joven, queriendo acrecentar sus blasones con tan ventajoso enlace, procuró acelerar los preliminares y doña Beatriz, apenada, temerosa y dando alto ejemplo de filial obediencia, sacrificó su verdadero cariño al otorgar su blanca mano a don Diego de Osorio. Su corazón, sangrante y dolorido por aqel acto, no pudo entregárselo, pues seguia fiel y pertenecia integro a su respetuoso galán, don Lope de Haro, de limpio origen, aunque de posición más modesta que el el guerrero de Flandes.P asados los primeros años, la llamarada que encendió en el pecho de Osorio la belleza de doña Beatriz, se fue consumiendo, hasta que el tedio la extingió por completo.Diego de Osorio, roto ya el vinculo que parecia ligarle a su esposa, y añorando su pasado de aventuras y placeres, olvidó su alcurnia y todo respeto al entregarse a una vida de liviandad y desenfreno. Herida en su dignidad de mujer y en su altiva condición de dama noble, lloró doña Beatiz el desvio de Osorio. En cuanto a su amor, no sufrio mengua, pues nunca se lo profesó; mantenia secreta fidelidad al caballero don Lope, que con tristeza veia transcurrir los años, aunque mostrándose constante a su única y desventurada pasión. Alegremente, con ese goce ficticio que produce el amor mercenario, la bebida excesivay el juego sin descanso, Osorio consumio sus bienes y comenzo a derrochar parte del rico patrimonio de su consorte.Una noche, reunido con otros varios, de noble ascendencia, aunque de vivir rufianesco, la suerte se le mostraba adversa en los dados, perdiendo todo el oro que llevaba, por lo que enviò a su escudero, para que doña Beatriz le entregara la valiosa joya, que habia sido su regalo de boda.Tornó a poco el escudero diciendo a su seños que su esposa se negaba a darle larica alhaja, que era la prenda de aquel su amor pretérico y que solamente la entregaría al caballero,para lo cual se dirigía a la calleja donde se hallaba la casa de juego, proxima a la plaza del Pósito, acompañada de una dueña. El mensaje de la esposa provocó la risa de los reunidos, por lo que montando en cólera Osorio, salió rapido de la tafureria y se dirigio a su encuentro. Al llegar junto a ella, llameante sus ojos de ira, arrancó de sus manos la presea y le undio la daga en el corazón. Volvió a la casa de juego con el semblante, con el semblante lívido y depositando la joya sobre la mesa, con mano temblorosa comenzó a agitar el cubilete, pero antes de tirar los dados en el silencio de la noche se oyó una voz fuerte que preguntaba por el asesino de doña Beatriz de Uceda. Al momento se deshzo la partida, huyendo los jugadores y presto también se halló Diego de Osorioen la calleja. Un hombre le esperaba, el mismo que le habia demandado, y que le recriminó con dureza. Era don Lope de Haro, que habia seguido desde lejos a doña Beatriz y dándose cuenta del crimen. Desenvainaron los aceros y don Diego, enfurecido, manejó con rapidez su espada. Don Lope más sereno, paró sus golpes y atacó con fuerza, hasta atravesar el pecho de Osorio. Alas pocas noches, un hombre con esclavina y bordón, como si fuese un peregrino, rezaba fervorosamenteante la Cruz del Pósito, era el mismo don Lope de Haro, que rogaba por las almas de Diego de Osorio y de Beatriz de Uceda.Libro muy ruda lucha interior, en lo que triunfo la virtud. Renunciaba al mundo la sociedad no le ofrecio más que amarguras y arrepentido de ser vengador, se convirtio en penitente pero antes de profesar en la regla franciscana, viene a orar ante la Cruz del Pósito, implorando perdón por haberse dejado arrastrarpor el espiritu cruel de la venganza.De aqui que la Cruz del Pósito, recuerda esta pagina tragica de finales del siglo XVI y la conducta de aquel impetuoso vengador quev arrepentido, se transformó en austero penitente, Recogido del libro de JAÉN LEGENDARIO Y TRADICIONAL AUTOR MANUEL MOZAS MESA AÑO MCMLIX


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