Leyendas


El Espectro de la Fuente de la Peña



A las afueras de la capital, un arriero se encontró con la viva imagen del mismo diablo.

Fuente de la Peña


Un arriero que regresaba de los Villares una noche, al pasar por la Fuente de la Peña le pareció oír los sollozos de un niño. En la Fuente de la Peña, muy cerca ya de la entrada sur de la capital, había, aún queda el edificio, un lavadero, donde las mujeres subían a lavar la ropa. El arriero tal vez pensó que se trataba del hijo de alguna de aquellas lavanderas que se había perdido.


Entre la oscuridad buscó  el origen de los sollozos y sí, era un niño de unos dos o tres años. Lo tomó en brazos y procuró tranquilizarlo. Cuando cesó de llorar, se lo colocó atrás en la mula y continuó su camino hacia la capital. 


Ya entrando en el barrio de San Felipe, un poco antes de llegar a la Glorieta, el arriero empezó a notar que las mulas iban tornando su paso en fatigoso. Parecía como si un peso muy las lastrara. El hombre se extrañó y cuando echó la cabeza hacia atrás para ver qué pasaba en la recua, se encontró con que el niño se había convertido en un ser enorme y monstruoso, una criatura de rostro terrible y enormes dientes. Y con cierta sorna, le preguntó:


- ¿Tienes dientes como yo?


El arriero que pese a ser un hombre hecho y derecho, descabalgó de un salto y, sin ocuparse de sus mulas se desperdigaron por calles y caminos, salió corriendo al tiempo que se santiguaba.  


Recogida por Manuel Amezcua de José de la Vega Gutiérrez, que la fecha en 1947.




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